Exhaustivo análisis de la represión en las dictaduras del Cono Sur

La mano que acaricia y mata

Montse Martínez / Madrid
De: El Periódico de Catalunya

Igual que se enseña a resistir la tortura, se enseña a resistir el hecho de torturar.

La idea, tan controvertida como atractiva para la reflexión, es del psicoanalista Sergio Rodríguez , que cuenta en su largo currículum con largas y profundas conversaciones con militares represores de la dictadura argentina: «Un verdugo me dijo: ‘Cuando maté al primero me oriné y me cagué encima; después ya no'». Su testimonio es uno de los cientos que se recogen en el libro «El alma de los verdugos» (RBA), donde el juez Baltasar Garzón, artífice del procesamiento del dictador chileno Augusto Pinochet y convencido defensor de la «justicia universal», y el periodista de TVE Vicente Romero dibujan las dictaduras argentina y chilena, sobre todo la primera, con todas sus aristas.

Pero el trabajo se centra sobre todo en la figura del verdugo y pretende, si no contestar, sí reflexionar sobre esta terrorífica pregunta: «¿Quiénes son estos tipos que mandan a sus hijos a un colegio católico, que se despiden de ellos por la mañana con un beso, que fichan puntualmente en sus lugares de trabajo como funcionarios ejemplares y que, finalmente, bajan a un sótano a arrancarle las uñas a un detenido político con unas tenacillas?».

La pregunta, planteada por Vicente Romero al juez Garzón, era una provocación que derivó en un camino en común: «Aproximarse al modo de ser, de pensar y de sentir de los verdugos políticos y comprender el espíritu entre los policías, militares y funcionarios integrantes de la numerosa legión de terroristas de Estado».

Sorpresa

El libro recoge respuestas que quitan el aliento. Como la del psicoanalista Sergio Rodríguez tras conversar con muchos de ellos: «Mi sorpresa fue que no solo encontré psicópatas, sino también seres normales que, si no les hubiera tocado vivir esas circunstancias, probablemente habrían pasado por la vida sin joder a nadie».

Página tras página, todos los protagonistas van aportando datos que ayudan a construir el perfil de los verdugos. Víctimas supervivientes –«no puedo comprender cómo eran capaces de hacerles una caricia a su mujer o a sus hijos con la misma mano con la que habían torturado y matado»–, pero también familiares que nunca vieron volver a los suyos, con su máximo exponente en las madres de la Plaza de Mayo –«a las que la dictadura llamaba locas»–; represores –«si yo mismo no me perdono, ¿cómo voy a pretender que me perdonen las víctimas?», religiosos –«los capellanes castrenses llegaron a participar en ejecuciones de prisioneros»–, representantes de la otra iglesia –«en la Iglesia nos portamos como cómplices del horror»–, juristas y psiquiatras.

Y horror, mucho horror. Tanto que, a veces, hay que interrumpir la lectura. «Algunas compañeras de cautiverio estaban embarazadas, sin que ello las librara de la picana eléctrica. Para aumentar los efectos se empleaba una cuchara metálica que, introducida por la vagina, transmitía las descargas eléctricas directamente al feto», explica una superviviente.

El juez Garzón y el periodista Romero analizan «el alma de los verdugos»

Por M. Salvatierra
De: ABC.es

MADRID. El juez Baltasar Garzón y el periodista de Televisión Española Vicente Romero han unido sus esfuerzos para investigar los crímenes y la represión ocurrida en los años setenta en el Cono Sur de Iberoamérica. El resultado se ha volcado en un libro, «El alma de los verdugos» editado por RBA, que incluye un DVD con un documental que fue, en principio, el que reunió a ambos autores y les impulsó posteriormente a sacar a la luz un abundante material que se había quedado fuera por las limitaciones del formato cinematográfico.

Como adelantan en el preámbulo del libro, «la idea consistía en presentar una serie de trazos básicos sobre quienes extendieron el terror en Argentina, de forma que espectadores y lectores pudieran elaborar su retrato robot».

Para tratar de asomarse a ese «corazón de las tinieblas», la obra se divide en tres partes principales en las que destacan los testimonios de las víctimas que son quienes mejor conocen los aberrantes comportamientos de los sicarios y quienes mayor autoridad moral tienen para opinar sobre ellos. También se ahonda en la personalidad de los torturadores a través de su entorno político y familiar, mediante los relatos de sus hijos o quienes creyeron serlo, así como a través de las opiniones de sus colegas, defensores y cómplices, incluidas sus propias justificaciones.

Cavallo, pendiente de juicio

Hay que recordar que uno de esos verdugos, Ricardo Miguel Cavallo, se encuentra en España todavía pendiente de juicio desde fuera extraditado por México en 2003. Este ex oficial de marina está acusado de haber participado en 227 desapariciones y en la tortura de 110 personas, así como del secuestro de 16 bebés que fueron sustraídos a sus madres.

En estas páginas la corresponsal de ABC en Buenos Aires, Carmen de Carlos, contó cómo Cavallo se enamoró de una de sus víctimas, Ana Testa, y además de torturarla era capaz de llevarla por las noches con su familia para cenar todos juntos.

«El alma de los verdugos», escrito con el periodista Vicente Romero

La siniestra figura del represor, en un libro del juez Garzón

Por: Juan Carlos Algañaraz
DE: Clarin.com

Un famoso juez y un gran periodista de investigación, que se jugó la vida en Argentina por los desaparecidos, han unido fuerzas para tratar de desentrañar qué clase de ser humano alberga la siniestra figura del represor. «El alma de los verdugos» es el resultado de una intensa tarea común Baltasar Garzón y Vicente Romero, los dos profundamente comprometidos, en sus respectivos campos, en hacer justicia y denunciar a los criminales que protagonizaron la peor tragedia que vivió la Argentina en toda su historia.

El libro, editado por RBA, es una sucesión de entrevistas con expertos políticos, testimonios de torturadores, supervivientes, víctimas que recuerdan atrocidades inauditas, chicos robados que evocan el calvario en que los verdugos convirtieron su vida, reflexiones de Madres de Plaza de Mayo o periodistas que se dedicaron a esclarecer el espanto como Horacio Verbitsky.

¿»Quién es el peor verdugo»?, le pregunta Garzón a Eduardo Galeano. «El más terrible, peligroso y despreciable es el sistema que los emplea. Porque los verdugos son, en el fondo, burócratas del dolor», acierta el escritor y periodista uruguayo.

La dictadura militar inventa sus verdugos y les otorga una blindada impunidad. Encuentra a sus burócratas que se aplican con un intenso sadismo a convertir a 340 centros de detención y exterminio en la plena realidad de lo inhumano.

El entorno político e histórico está presente en la obra pero siempre predomina en el juez y el periodista la voluntad de presentar hechos y relatos directos, que son de una elocuencia muy perturbadora.

Vicente Romero le pregunta a Baltasar Garzón en el bar Tortoni de Buenos Aires: «¿Quiénes son esos tipos que mandan a sus hijos a un colegio, que se despiden de ellos por las mañanas con un beso, que fichan puntualmente en sus lugares de trabajo como funcionarios ejemplares y que finalmente bajan a un sótano a arrancarle las uñas a un detenido político con unas tenacillas?»

Responde Garzón: «La mentalidad de los verdugos ha sido siempre la misma. Matan por obligación, matan y torturan por costumbre, por cumplir órdenes. No asumen la existencia de su actividad con carácter abierto, y ahí aparece el primer síntoma de su cobardía: tienen que ejercer su función en la clandestinidad. Y actuaban por las noches con nocturnidad y miedo. Porque al fin y al cabo se comportaban como delincuentes».

Garzón, alma de verdugos

Por Sara Barderas, Madrid
De: Milenio.com

¿Tienen alma los verdugos? El juez Baltasar Garzón y el periodista español Vicente Romero se han unido para realizar un extenso trabajo de investigación que, a lo largo de 600 páginas y un documental, retrata a los torturadores del más cruento episodio de la historia de Argentina: la represión de la última dictadura militar que mató e hizo desaparecer a unas 30 mil personas.

El alma de los verdugos, prologado por José Saramago, es un libro brutal porque brutales son las torturas que ejercieron los verdugos y que ahora recuerdan para Garzón y Romero algunas de las víctimas que lograron sobrevivir. Brutal es comprobar también, en el retrato que elaboran los autores, cómo quienes metían la «picana» con 220 voltios en la vagina de una detenida, los que destrozaban los genitales de los hombres, robaban a los hijos de sus víctimas y lanzaban a los detenidos vivos al mar no fueron dementes, sino «seres normales cuyas patologías no pasan de ser deformaciones de la conducta creadas por una ideología tan extendida como presente en las páginas más amargas de la historia del siglo XX».

Pero El alma de los verdugos, que ahora publica en España la editorial RBA y del que en marzo se lanzarán diez mil ejemplares en Argentina con motivo de su presentación, en abril, en la Feria del Libro de Buenos Aires, no es un libro sobre Argentina, aunque sus protagonistas -víctimas y verdugos- sean de allí. Se trata de «una reflexión sobre la violencia institucional y del poder», sentencia el juez de la Audiencia Nacional española en una comida que los autores comparten en un restaurante de Madrid con un grupo de periodistas, pocas horas antes de su presentación ante el gran público en un emotivo acto, acompañado de la voz de Luis Eduardo Aute, en la Casa de América de la capital española.

A sus 52 años, el juez Garzón es mundialmente famoso por haber solicitado la detención en Londres de Augusto Pinochet en 1998 y por el procesamiento en España, en base al principio de «justicia universal», de ex militares y represores de la dictadura argentina como Adolfo Scilingo y Ricardo Cavallo. La idea de buscar el alma a los verdugos fue del propio magistrado, preocupado por el desconocimiento de uno de los temas sobre el que, en general, parece que ya se sabe todo y no es así, indica.

Un día, a las dos de la madrugada, se lo propuso a Romero, uno de los periodistas españoles más destacados, que a sus 60 años puede presumir de haber dedicado mucho esfuerzo a denunciar las violaciones de los derechos humanos allí donde ocurriesen y él pudiera estar presente para contarlo. De hecho, fue testigo directo de aquellos «años de plomo» en Argentina y Chile, donde trabajó como enviado especial.

Las escenas de terror y dolor, físico y psicológico, que recuerdan las víctimas y que tenían como objetivo destruirlas como personas siguen golpeando en la cabeza del lector una vez cerradas las páginas del libro. Y es que, según aseguran juez y periodista en su obra, «asomarse a la mentalidad de los verdugos castrenses significa descender a las profundidades del ser humano».

Los verdugos no mostraban ninguna señal, física o de comportamiento, que en su rutina diaria fuera de los centros de detención hiciera pensar en la brutalidad de la que eran capaces. Sus conocidos afirmaban sobre ellos lo que afirmaría cualquiera de nuestros vecinos sobre nosotros: por ejemplo, que eran buenos padres. Y alguno incluso, recuerda Romero sobre las conversaciones mantenidas con ellos, era gente aparentemente simpática, que reconocía lo que hizo convencida de que fue en beneficio de su patria.

«Eran perfectamente conscientes de lo que hacían», aseguran Garzón y Romero, negando rotundamente que se tratase de locos, de dementes. El libro había sido concebido inicialmente como documental producido por Televisión Española (TVE), pero según iban haciendo acopio de testimonios se impuso la necesidad de romper los límites que imponía un formato cinematográfico. El trabajo conjunto de juez y periodista -el magistrado no participó en las entrevistas con personas implicadas o que habían declarado ante él como testigos en los procesos que instruyó al respecto en la Audiencia Nacional- se ha estructurado desde tres ángulos: los testimonios de las víctimas, los relatos de personas del entorno político y familiar de los verdugos y las palabras de quienes en aquellos años de terror lucharon por la Justicia y por los derechos humanos.

No se trataba de elaborar un «catálogo de la barbarie», sino de resumir, ofreciendo unas muestras, «la realidad que vivieron miles de secuestrados», de muchos de los cuales se perdió el rastro para siempre. «El alma de los verdugos es una historia de esperanza y de homenaje a las víctimas», explica Garzón, «es una historia de justicia y legalidad», no sólo con quienes en propia carne sufrieron los crímenes en Argentina y ofrece su testimonio a lo largo de los capítulos de la obra. «Porque las víctimas», insiste Garzón, «no son siquiera las que aparecen aquí, somos nosotros, todos». Por eso es importante no olvidar que las violaciones de los derechos humanos no son cosa del pasado.

«El pasado que vuelve» es el título del epílogo de la obra. En él se habla de Irak, de Afganistán, de Abu Ghraib. «Aunque la situación no sea la que se dio en el Cono Sur treinta años atrás, lo cierto es que se están produciendo episodios intolerables de atropello a los derechos humanos», apunta el juez en el final del libro. El mes que viene, TVE emitirá la segunda parte de documental, que Garzón y Romero han realizado en Irak, Afganistán, Estados Unidos, Egipto, Guantánamo… «para continuar donde acaba este libro», afirma el periodista. «Porque el tema de los verdugos y los derechos humanos forma parte del presente», advierte.