Miedo en el colegio: Víctima del bullying relata su experiencia

9 04 2010

Revista El Sábado – El Mercurio

sábado 6 de septiembre de 2008

Nicolás, víctima del bullying, relata su experiencia Miedo en el colegio

Se burlaron de él, lo humillaron y lo golpearon hasta que ya no dio más. Se cambió de colegio y fue peor.

POR LUIS MIRANDA VALDERRAMA

La vida sin miedo resultaba inconcebible Juan José Millás, El Mundo.

Hasta antes de su primer bullying, Nicolás era un alumno ejemplar.

Tenía las mejores notas de su curso, un 6,8 de promedio, participaba en clases y buscaba ser reconocido por sus profesores y compañeros. Hacía gala de sus conocimientos y sentía que – como ocurría en su casa, con sus familiares, a quienes ponía feliz con cada opinión que daba- el resto del mundo iba a reaccionar igual.

Pero en octavo básico, todo cambio.

Nicolás era uno de los alumnos más bajos del curso. También un poco gordo. Y entre todos sus compañeros estaba David.

“Era el típico bromista del curso que molesta a todo el mundo, pero ese año yo fui el foco de sus bromas pesadas y de su matonaje”, recuerda Nicolás. “A veces me he preguntado por qué se ensañó conmigo y pienso que fue porque yo era lo contrario de lo que era él. Él tenía problemas familiares. Su papá le pegaba a su mamá y tenía un hermano con problemas de drogas”.

Cada vez que Nicolás levantaba la mano y decía algo en clases, David repetía exactamente lo mismo, pero con voz chillona y despectiva. Todos reían. Después le decía gordo, chico, enano. En el momento en que la habitual personalidad de Nicolás trataba de expresarse, David aparecía, sin contemplaciones, para sepultarla.

“Al principio me reía con todos para que pasara luego. Pero cuando las bromas siguieron y fueron más pesadas, me empecé a sentir mal. Y pensaba que todo lo que estaba pasando era mi culpa, que yo había sido el causante del problema. Y dejé de hacer cosas. Ya no levantaba la mano, trataba de no hablar mucho, me quedaba callado en clase. Me bajaron las notas. Dejé de ser el alumno de buen rendimiento y en mi casa no entendían lo que estaba pasando. Fue cuando se rompió mi primer esquema de vida”.

“NO QUERÍA IR AL COLEGIO”

Nicolás y su familia viven en Peñalolén. Su padre trabaja en una empresa de electricidad y su madre hace dos años atiende un café en el Parque Forestal. Son cuatro hermanos, todos hombres. Nicolás es el menor.

“Él fue un regalo para la familia”, dice Teresa, su madre. “Nuestros hijos ya estaban más grandes y Nicolás resultó ser el niño de todos. Estábamos atentos a él y creo que por eso le gustó leer desde chiquito para poder opinar de cada tema. Era un ejemplo para los demás niños cuando entró al colegio. Leía mejor que alumnos más grandes”.

Pero en el colegio, las cosas empeoraban. A pocos meses para que se acabara el año escolar, David comenzó a decirle que le iba a pegar, que cuando lo encontrara en algún lado nadie lo podría ayudar. “Yo lo veía y me empezaba a doler el estómago”, dice. “Verlo se me hacía insoportable”.

Nicolás empezó a sentir miedo. Se enfermaba. Su madre iba a su cama, tocaba su frente y sentía la piel caliente. El cuerpo del muchacho reaccionaba al terror. “No quería ir al colegio y empecé a hacer la cimarra. Partía a caminar, a leer o a escuchar música. Todo eso era mejor que las bromas. En otras ocasiones mis papás me llevaban a la entrada del colegio, me despedía, los veía irse y no entraba a clase”.

Cuando llegaron los informes de inasistencias y bajas notas, Nicolás se dio cuenta de que debía volver a su pequeño infierno en la sala de clases. Trataba de escaparse de todos, asumiendo una soledad callada y sumisa. Un día, sintiendo hastío de David, intentó hablarle a su profesor jefe para contarle que las bromas y las amenazas estaban siendo más y peores. El profesor lo miró y se puso a reír.

?Estás exagerando ?le dijo.

Su familia se había dado cuenta de los problemas de Nicolás. Sus notas cayeron a 5,6 de promedio. Su madre le preguntó y él le dijo que se quería cambiar de colegio, que un compañero lo estaba molestando. Su padre aceptó, a pesar de que el cambio exigía un aumento de las mensualidades y de que su hijo viajara casi una hora en micro.

El final ocurrió una mañana, en su sala, en uno de los recreos. Nicolás se encontró una vez más con su victimario. Las bromas empezaron a sucederse y él trató de que acabaran rápido para que el resto de sus compañeros dejara de reírse a costa suya. Ya no reía. Esperaba en un silencio tenso que todo se terminara, pero esta vez hubo una diferencia:

“Esa vez decidió pegarme”, dice Nicolás. “El golpe me llegó de lleno a la cara y me acuerdo que ahí no me aguanté. Le respondí con mis manos, con mis pies. Me defendí como pude. Hubo patadas, golpes, nos caímos al suelo y, de hecho, rompimos una mesa en la pelea”.

Nicolás y David fueron amonestados, pero el colegio no hizo una investigación. A Nicolás no le importó. Había decidido cambiarse.

“Cuando me fui a mi otro colegio pensé: esto es para mejor. Nunca imaginé que las cosas que me pasarían allí iban a ser aún peores de las que había vivido”.

HUMILLADO Y OFENDIDO

Quería que las cosas le salieran bien. El colegio le parecía un mundo nuevo: un edificio enorme, con patios grandes, una piscina que le permitiría nadar y nuevos compañeros a los que conocer. Las vacaciones de verano le permitieron tomar distancia y perspectiva de lo que había pasado. Trataría de congeniar con todos. Se sentía ansioso y optimista. El domingo previo al primer día de clases apenas si pudo dormir.

Nicolás fue el primero del curso en llegar a la sala, en el tercer piso. Luego apareció otro, y otro más. Nadie se hablaba, porque nadie se conocía. La dirección había formado su curso de entre todos los alumnos nuevos que llegaron ese año. Fue curioso: había estado casi ocho años con los mismos compañeros y ahora era un grupo de extraños que se miraban con desconfianza. Pensó que el ambiente mejoraría con los meses.

“Todo el colegio estaba dividido en tres grandes grupos. Los pokemones, los flaites y los metaleros. Si no eras ninguno de ellos, obviamente te sentías aislado, como lo que me pasó a mí, el chico nerd. Fue tremendamente horrible pensar en como sería mi curso. Esperaba que fueran amables, pero no lo fueron. Pese a que todos éramos nuevos, se adaptaron con gran facilidad, excepto un par de compañeros y, por supuesto, yo”.

A los dos meses de clases, un grupo de compañeros comenzó a molestarlo. Un muchacho muy alto, medio desgarbado y que asistía a clases de artes marciales, era el líder de un puñado de cinco compañeros que hicieron de Nicolás su blanco perfecto. Eran metaleros. Le dijeron Doraemon, el gato cósmico, porque según ellos se parecía a un mono animado japonés de color celeste, pequeño, panzón y de gran cabeza. Luego prefirieron decirle Freaky, después, la Mole, semanas más tarde Guatón mamón y finalmente Guatón gay.

“Este tipo le ponía apodos a todo el mundo, pero creo que se empezó a ensañar conmigo porque soy un tipo que no cabía en ninguno de los tres grupos. Me gustaba leer y la música que escuchaba no era el reggaeton ni el heavy metal. Quedé aislado. Y se dio cuenta de eso. De hecho, cuando no me molestaba a mí, buscaba a los rezagados de cada grupo, los que no estaban adaptados. Los demás le seguían y hacían lo que él decía”.

Como había sucedido el año anterior, Nicolás respondió primero son sonrisas, luego con cierta indiferencia y después con miedo. Decidió posponer los problemas y se retrajo. Las bromas eran más intensas y más peligrosas que el año anterior. Había un grado de amenaza subyacente, porque los muchachos eran más grandes, actuaban en conjunto y no se detenían ante nada. Existía, sí, una diferencia:

“Este tipo, Diego, era muy agresivo cuando estaba en el colegio y junto a sus amigos. Pero en la calle, era pacífico y tranquilo. Lo vi más de una vez fuera del colegio y su actitud era distinta. Había otro miembro del grupo que a veces era mi amigo, pero cuando andaban juntos, era uno de los más pesados”.

Un día, tras terminar una clase en la piscina, el grupo tomó toda la ropa de Nicolás y la escondió en varios lugares del colegio. Sólo vestido con su bañador, mojado, humillado y ofendido, Nicolás debió buscar su toalla detrás de una taza del baño, sus pantalones en el pasillo y sus sandalias en la piscina. Todos se rieron de él.

Llegó a su casa. Le preguntaron cómo estaba y dijo bien. Se metió a su pieza, encendió el computador y comenzó a chatear con amigos y amigas de otros países. No sabían nada de él, de lo que le estaba pasando. Al menos en ese momento se sentía libre y con amigos.También comenzó a escribir.

LOS ODIO

-¡Maldito estrés! ?escribió en su computador luego de ese evento?. Me juegas malas pasadas. Una amnesia temporal. ¡jajajajajaja! Qué buena excusa para mandar todo a la mierda. Esta nariz que no me para de sangrar ¡Por tu culpa! ¡Malditas presiones! Necesito un respiro. Espérame. Respiro. Dame otro minuto. Respiro. Me ahogo. Ayúdame. ¡Maldito estrés! Me haces caer en esto. No me dejas respirar. Me estás matando. ¡Maldita seas, rutina! Mala sociedad. No soy un inadaptado. Ustedes son los que me hacen mal. Los odio…

Este texto lo escribió luego de que pasara el incidente de la piscina. Su familia estaba preocupada, Nicolás nuevamente no iba al colegio, evadía las preguntas de su madre o respondía con agresividad. Alejandra era la novia de uno de sus hermanos y conocía al muchacho desde que era un niño. Advirtió el deterioro de su personalidad. “Era un niño alegre, quizás se sobraba un poco con lo que llegaba a saber, pero sus padres siempre pensaron que el conocimiento es un arma y no una herramienta para surgir”, explica. “Y de pronto se apagó. Y no lo digo por su baja de rendimiento. Había dejado de ser él en su esencia. Se metía todo el día al computador, comía más y más. Un día le respondió mal a su madre. Le dijo: tú apenas sabes leer, y eso me sorprendió. Ya no quería relacionarse con nadie. Prefería la soledad a tener que enfrentar el problema que lo estaba carcomiendo”.

Entonces llegó su cumpleaños. Y el matonaje pasó a ser físico.

“Recuerdo que ese grupo quería hacerme el manteo. Decidí arrancar y esconderme. Corrí por todo el colegio, hasta que los perdí de vista. Me escondí donde sabía que no podrían entrar: la biblioteca. Pero cuando iba saliendo, para ir a clase, la tropa de los 5 me logró alcanzar y me llevó como si se tratara de un trofeo de caza hasta la salida de la sala. Allá me hicieron el manteo: fueron 16 patadas. Diez en mi trasero y seis en mis testículos. Quedé botado. El dolor era horrible”.

Pidió ayuda a su profesora, quien relativizó las cosas. Lo tomó como un asunto normal, dice. Un alumno de tercero medio lo llevó a la enfermería y de allí a su casa. Pasó una semana con licencia. Semanas más tarde iba caminando por el estacionamiento del colegio y uno de los muchachos le lanzó una patada desde atrás y lo envió contra el suelo enripiado. Sufrió heridas en las manos y en la cara.

“No entraba a clases, hice decenas de veces la cimarra. Volví a las enfermedades. No aguantaba más. Los domingos eran los peores días de la semana, porque sabía que venían los días de matonaje. Incluso me llegaron mails donde me decían que si hablaba, me podía pasar algo malo. Pensé que me podría morir”.

Un día, hacia fines de 2006, Nicolás fue al colegio, pero no entró y tomó una micro hacia San José de Maipo. Llegó a ese pueblo, escuchó música y escribió algunos pensamientos. Ya las notas le importaban poco. Pero allí recibió un mensaje de Alejandra, la polola de su hermano.

“No quería meterme, pero todos estaban preocupados”, cuenta Alejandra. “Lo llamaban y no contestaba. Le mandé un mensaje al celular, y le dije que estuviera tranquilo, que había gente que lo quería y que todos alguna vez pasamos por cosas así”.

“Cuando leía el mensaje, algo me pasó”, dice Nicolás. “Sentí un alivio. Como que entendí que podía salir de ese problema. Y llegué a hablar con mis papás y me dijeron que me cambiarían de colegio. No importaria cuánto costara. Me pidieron que les contara de mis problemas y que nunca más me encerrara”.

PAGAR EL PRECIO

Nicolás toma un jugo en el café donde trabaja su mamá. Ella prepara una torta de tres leches detrás del mesón. Cada vez que se detiene a recordar los dos años de acoso y terror en la clase, comienza a reír. Cuenta los hechos como si se trataran de la anécdota más feliz de su vida.

“Lo que sucede es que eso ya pasó”, dice. “Y supongo que es una especie de coraza”.

Ahora tiene 17 años y cursa tercero medio. Después de cambiarse por tercera vez de colegio, Nicolás no ha vuelto ha sufrir de bullying. Sus padres están atentos a lo que le pase: ya no hace la cimarra, no se enferma, no llega malhumorado ni se encierra en su pieza. Está más delgado, se siente más independiente de su familia e, incluso, es presidente del Centro de Alumnos de su colegio.

Pero hace unos meses está viendo a un sicólogo por un trastorno ansioso depresivo.

“Lo que me pasó ha hecho que tenga más cuidado. Mis relaciones con la gente son más prudentes. Con el sicólogo no hemos llegado al tema del matonaje aún, y no sé hasta qué punto influyó eso en lo que me pasa, pero creo que pudo haberlo acentuado”.

Su macre lo mira y sonríe. “Siempre lo habíamos apoyado, quizás fue demasiado”, dice. “Él ahora hace sus cosas. Ya no sale con su papá, prefiere ser más él. Si es mejor para su vida, tendremos que apoyarlo”.

“Mis compañeros me recibieron bien. No me han molestado. De hecho, regresé al colegio donde estuve la primera vez que sufrí bullying. David ya no está, le cancelaron la matricula. Y las relaciones son mejores. Tengo nuevos amigos, y me respetan. Quiero terminar cuarto medio y estudiar algo relacionado con salud. Y me gusta escribir, también aprender francés, o la locución. No lo sé”.

Nicolás toma un poco de jugo, se queda en silencio.

“La preocupación siempre existirá. No se irá nunca. No es miedo, ya. Estoy atento a esas pequeñas bromas que para el resto son normales, pero que para mí significan otras cosas. Creo que he aprendido a tener herramientas para evitar de nuevo el horror”.

Luis Miranda Valderrama.


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19 respuestas

10 04 2010
elultimoblogsobrelatierrra

En las escuelas no se enseñará nunca a un alumno víctima de acoso a cómo debe reaccionar realmente para evitar que vuelva a producirse cualquier tipo de abuso. Tiene que ser alguien de su familia o algún amigo de total confianza el que le abra los ojos y le enseña que opciones “no políticamente correctas” hay para mejorar su situación. Maquiavelo o Sun Tzu deberían ser lo mentores de ese niño, si realmente quiere realizar cambios, y no ningún maestro o pedagogo de turno que sólo le soltara un rollo leído en algún manual de la facultad.

29 04 2010
juanfernandodiaz

hola, esta historia sirve para aquellos que sufren de bullying por mucho tiempo y quieren que este infierno de horror en su colegio o universidad termine.
No solo el bullying se vive en escuelas de argentina o chile tambien en escuelas de COLOMBIA y alrrededor del mundo en donde tambien pueden ocurrir casos similares y no saber como defenderse.
El bullying se tiene que saber como enfrentar de la manera correcta dependiendo del caso y de la forma como defenderse correctamente.

17 11 2012
Israel Almendras Zapata

…”esta historia sirve para aquellos que sufren”DE ACOSO,INTIMIDACION,MATONAJE,AMEDRANTAMIENTO,AMENAZAS,ETC…”Ahora,si quieres decir algo en castellano,PUES HACELO…y no hagas el ridiculo de decirlo en ingles,(idioma ke no se habla en Chile…)…cachay la onda,loko…?…Aviso:esto va tambien”pa’otros gringos chilenos”….mandaores de parte,y agrandaditos,”tipico de muchos chilenos…”

11 08 2010
giuliano

hoña amigos

11 08 2010
giuliano

hola como les va

13 10 2010
Lore

Esto es un claro mensaje para todos aquellos maestros y maestras, que tomen en serio su papel ya que uno como padre sufre bastante al saber a sus hijos solos y rodeados de gente que no son su familia, que muchas veces no se interesan en ellos. Pienso que los adultos que estan todo ese tiempo (las horas de escuela) cerca de ellos deberian poner mas atencion a lo que sucede con sus alumnos y no volverse complices de aquellos que hacen este tipo de cosas; muchas veces callan porque el acosador es hijo de alguien influyente y prefieren hacer oidos sordos. Ya basta de agacharse ante los que dicen “pueden mas”, el bullying es una situacion social que a todos como comunidad nos compete. Tratemos de hacer cada quien su parte en el cuidado y atencion a los niños, sean o no sean nuestros hijos.

21 10 2010
Bruce Lee

Tengo buena suerte, gracias a Dios. Mi padre que es instructor militar me previnió del bullying. Antes de entrar a la escuela secundaria, al cumplir mis 12 años, me educó en Tus zonas erroneas ( Wayne Dyer) El Arte de la Guerra de Sun Tzu, Defensa personal Militar (Krav maga, etc), Espiritualidad Cristiana (de los monjes benedictinos). Créanme estoy muy agradecido con mi padre por haberme enseñado esto, no solo he logrado defenderme, he aprendido a detectar y defender a otros. Solo una vez tuve que usar la fuerza bruta (defensa personal) por necesidad y como ultima defensa, el agresor ha resultado demasiado herido pero mis profesores y directores apoyaron mi causa que fue por defensa propia y de mis amigos que sufrían bullying, juré proteger a cuantos pudiera y también enseñarles lo que mi padre me enseñó.

Holiness is in right action, and courage on behalf of those who cannot defend themselves

¿Depende de los padres, esas enseñanzas?. Si depende TODO !!!.

21 10 2010
Bruce Lee

Defender a la viuda, al pobre, y al despreciado.

11 03 2011
NELLY

PIENSO QUE ES UNA FORMA MUY BUENA DE HACER SABER A LOS DEMÁS COMO SON LAS COSAS, PERO DEBERÍAN PROPORCIONAR MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA PORQUE MUCHAS VECES NO SE LLEGA HA SABER QUE ES LO QUE REALMENTE PASA EN LA VIDA DE LOS DEMÁS, ADEMÁS DEBERÍAN SER MÁS SERIOS EN TRATAR ESTE TEMA PORQUE ES MUY DELICADO

27 04 2011
Tirza Rivas

Buen Dia

Me alegra mucho que te hayas dado cuenta de lo mucho que vales y que hayas seguido adelante con tus metas. El que persevera alcanza el exito. Lo mas importante es la confianza en ti mismo saber lo que tu eres y no lo que los demas quieren que tu seas. Me parece muy bien que te hayas cambiado de colegio, debemos aprender a justarnos con las personas que nos aceptan por lo que nosotros somos y no por lo que ellos quieran que seamos. Tengo un amigo de Indonesia muy inteligente ya todo un Ingeniero Electrico y me decia el que la Injusticia siempre existira en todo lugar donde tu vallas . Debemos aprender a adaptarnos poniendo un limite a las personas que quieren hacernos a daños. Pero nunca debes olvidar que tu vales mucho y NADIE absolutamente nadie tiene derecho a denigrar la integridad de una persona. Nunca te rindas por alcanzar tus sueños sigue adelante porque solo el que persevera alcanza.

saludes a todos,
atentamente
Tirza Rivas
La Ceiba, Honduras

20 10 2011
niña española

hola tengo 12 años y creo que sufro bullyng ,las niñas de mi clase me gastan bromas pesadas y me insultan siendo muy crueles.las odio….. necesito ayuda acabo de empezar el instituto y ya empiezo mal… tengo 1 amiga genial pero eso no soluciona mi caso,antes tenia mas amigo pero creo que siempre he sufrido algo de bullyng…lo paso fatal…no soporto esto ,me encanta mi cole pero…si sigo asi no tendre mas remedio que irme

niña española

6 01 2012
ariana

es mejor no cometerlo y no dejar q te lo cometa

10 06 2012
natalia

se `podria decir que yo sufri bullyng en la secundaria me decian cosas como dientona eso me afecto emocionalmente ahora trato de no pensar en aquello por que solo te causa daño ah sido dificil pero lo intento dia con dia

3 08 2012
Ana fernandez

yo tengo 12 años y por ser inglesa me molestan me amenazan a muerte hasta hicieron una pagina contra mi. primero tuve miedo de cirselo a mis padres de ahi se lo dije y ellos hablaron al profesor. yo los habia insultado por esa pagina para efenderme y el maestro lo vio y le felicito al niño que habia creado la pagina por haber aceptado hacer eso. Lo unico que digo es que he sufrido madres pero ahora me van a cambiar de colegio y espero que vaya a mejor porque bueno mi papa vive en inglaterra por su trabajo y vvivo con mi madre y mi hermmano. YO NO ME DERRUMBE SEGUI ADELANTE SIN IMPORTARME LO QUE DIJERAN AL FIN Y AL CABO ELLOS NO SABEN NADA ME DEFENDI A GOLPES CUANDO HIZO FALTA LLORE PERO SEGUI HASTA PENSE EN EL SUICIDIO PERO DE QUE SIRVE ASI HACES SUFRIR A TU FAMILIA.

20 10 2012
aleka

bueno yo en el cole en mi salon mis compañeros me humillaban por un defecto fisico y estube asi por 3 años hasta pense en suicidarme pero creo que eso es cobardia y me daba miedo ir al colegio ya no soportaba mas pero segui adelante ahora me fui de ese colegio pero aun tengo ese trauma ahora me cuesta hacer amigos y le tengo miedo a la humillacion me volvi una acomplejada pero aun asi sigo adelante y a todos lo que sufran esto cuentale tus problemas a alguien no te quedes callado

7 11 2012
maria

se la comio ese dibujo no guega carrito jajjajjajjajjajjajjajjajjajja :D

4 12 2012
lourdes020

el bullying ya no es un juego el bullying se convirtio en una amenaza

12 12 2012
carolina

Creo que el bullying no es un juego de niños, es un juego de personas enfermas, ya sea por una situación familiar o por una desviación de la personalidad. Cuando era chica sufrí bullying de un compañero que, claramente, tenía rasgos perversos en su personalidad. El disfrutaba haciendo sufrir al otro. Lo normal en el ser humano es compadecerse por el prójimo que está sufriendo, y no humillarlo y deteriorarle el autoestima. Entonces como ciudadanos, profesionales de la educación y, por ultimo y más importante, como personas NO DEBEMOS PERMITIR que una persona con una desviación de la personalidad lleve a cabo sus metas. Creo que esta sociedad debe ser educada para poner comprender cuales son los matices de los actos humanos y poder distinguir los buenos de los malos, castigar los malos a través de una sanción y usar como ejemplos los buenos. El problema del mundo de los niños es que estos actos ’delictivos” muchas veces se subestiman sin prever el daño que puede causar en la formación de la personalidad, tanto de ellos como de otros a su alrededor. Como son menores no se los tratan con la rigurosidad que deben ser tratados pero si la misma persona comete el mismo acto cuando ya es mayor de edad, entonces existen mecanismos legales que defienden al agraviado. Entonces, creo que debe seguirse la misma lógica, con sanciones proporcionales y adecuadas a la prevención y a la formación de mejores personas. La niñez es el momento justo para que aquellos niños que no han recibido buenos ejemplos en su casas o que tienen algún problema en la personalidad entiendan que hay actos que no se deben cometer. Cuando las personas se determinan por los actos buenos logran ser más feliz y vivir más en paz.

19 02 2013
Belen

Puff… Yo llevo tres cursos sufriendo bulling, en sexto no era mucho, en primero llegue a encerrarme en mi casa, no queria salir, deje de estudiar, llegue a llorar entre clase y clase, en segundo mis acosadoras no pasaron de curso, pero los recreos los paso con mucha Angustia, empezaron a tirarme del pelo y de vez en cuando me llebo algun que otro golpe. Mis padres no lo saben, me da verguenza decirselo. Que hago??

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