por Juan M. Victorio
Anoche mientras estaba recostado en mi cama, luego de haber hecho mi oración. Pensaba en lo que había pedido en ella. Yo (al igual que muchos otros) oraba por que terminara la violencia, el abuso, la delincuencia, el peligro, el miedo, el maltrato. Y meditaba un poco por lo que yo había suplicado en mi oración.
Todo aquello malo que sucede a nuestro alrededor no es el acto de una sola persona, es el resultado de los malos actos de muchas personas. A veces nos puede parecer que necesitaríamos un milagro para que esas cosas acaben, pero la buena noticia es que ese milagro esta en cada uno de nosotros. Así como esas cosas desagradables son causadas por muchas personas así también nosotros podemos hacer un impacto, un cambio positivo si nos unimos “muchas personas” a ser mejores.
Todas esas cosas pueden cambiar a medida que llevemos vidas mejores, vidas como la de Cristo. Este es el mejor momento que tenemos para brillar y dar buen fruto. Como hombres y mujeres de fe debemos de llevar esa fe a actuar y ser la diferencia que haga la diferencia. Los milagros continúan y continuaran a medida que la fe de los hijos de nuestro Padre Celestial siga latente.
Solo orar no es suficiente. Debemos de ser fieles y leales al Señor. Debemos de tener acciones de bondad, debemos de tener pensamientos mas elevados, debemos de decir palabras que edifiquen a otros, debemos de servir a otros, estar dispuestos a escuchar, estar dispuestos a atender las necesidades de otros.
La violencia, el abuso, el maltrato y todo aquello negativo no podrá crecer si lo que aumenta es nuestra fe y buenas obras. No podemos cambiar lo externo –lo que nos rodea-, si no cambiamos primero lo interno. Deja que tu luz brille. Se tu un estandarte de la verdad, se tu un valiente en defensa de las causas buenas.
Recuerda quien eres y lo que se espera de ti, Cristo dijo: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos”. (Mat. 5:14-16)
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