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La mala educación
Por Marcelo Garay / La Nación Domingo
Cuando el clero de Magallanes aún no conseguía exorcizarse del pecado
de la carne que comprometió a dos sacerdotes de la diócesis a
principios del nuevo milenio Víctor Hugo Carrera y Carlos Larraín,
la denuncia por estupro y abusos sexuales que afecta al párroco Jaime
Low dejó boquiabierta a la feligresía y a la comunidad puntarenense.
Una vez más, los niños que Cristo llamó a proteger resultaron ser las
víctimas.
Iniciando sesión
Tararán Hola, cómo estás?
Tararán Bien, cansado
Tararán Estuvo bonita la actividad hoy
Tararán. Sí…
El sonido del MSN no se detiene. Es la tarde de un miércoles de enero
y en Punta Arenas la temperatura no supera los 12 grados Celsius. El
padre Jaime, que aún viste su sotana, desata su ciberpasión por un
muchacho en el que ha puesto sus ojos. Del otro lado del chat, un
chico espinilludo suda desde su pueril conciencia, confundido,
acorralado quizá por el acoso de su guía espiritual. Un abrupto sonido
de teléfono de la oficina parroquial interrumpe el contacto y el padre
Jaime ordena su hábito y cierra la ciberplática con un “te amo, mi
amor, cuida tu potito”. Intranquilo, el menor responderá más tarde con
un mensaje de texto desde el celular que su madre le ha regalado meses
atrás: “Yo también te quiero”. ¡Sórdido!
Estos diálogos virtuales fueron sostenidos en forma reiterada por el
sacerdote Jaime Low Cabezas, de 32 años, y el menor de iniciales
D.M.H.H., de 15, entre enero y marzo de este año. La denuncia que no
es la única que investiga la fiscalía local surgió en enero de este
año, cuando la madre del menor descubrió los mensajes contenidos en el
teléfono celular del púber. Desde entonces la policía civil siguió
atentamente los pasos del clérigo, hasta que esta semana el fiscal
jefe de la capital de Magallanes, Juan Agustín Meléndez, solicitó la
detención del sacerdote y párroco de la iglesia Nuestra Señora de
Fátima de Punta Arenas, bajo acusación de abuso sexual y estupro en
perjuicio de dos adolescentes que integraban la Pastoral Juvenil de la
diócesis puntarenense. El escándalo desató otra vez un torbellino en
el seno de la curia de Magallanes, similar al que comprometió a los ex
sacerdotes Víctor Hugo Carrera y Carlos Larraín, acusados y condenados
por similares delitos en Punta Arenas y Porvenir.
Los ilícitos se habrían cometido en la residencia parroquial del cura,
en dependencias del obispado local y para sorpresa de muchos en la
casa de la máxima autoridad eclesiástica local, monseñor Bernardo
Bastres. El testimonio de casi un centenar de niños y adolescentes que
participaban en las actividades parroquiales y los peritajes en el
computador personal y teléfono portátil de Low, además del testimonio
del menor afectado, arrojaron resultados escabrosos. “Por algo Dios te
puso en mi camino”. “En esta pega se trabaja poco pero se gana mucha
plata”. Son algunas de las frases que adornaron los juegos de
seducción del religioso y que fueron hechas públicas en la audiencia
de formalización. “El que se haga público quizá permita nuevas
denuncias, porque los padres lo conversarán con sus hijos y es posible
que éstos se decidan a hablar”, advirtió a LND el subcomisario
Francisco Fuentes.
En su contra pesó también una “denuncia concreta” por abuso sexual
contra un niño de cinco años, en la ciudad de Porvenir, interpuesta en
2002 por el Sename de Punta Arenas, que no prosperó.
EJE DEL PECADO
Hasta su detención, el padre Jaime Low Cabezas era el coordinador de
la Pastoral Juvenil de la diócesis. A su cargo estaba la organización
de los EJE (Encuentro de Jóvenes con el Espíritu), ENE (Encuentro de
Niños con el Espíritu) y ELE (Encuentro de Lolos con el Espíritu), que
se efectuaban en Centro de Vacaciones (Cevas), perteneciente al
arzobispado. En 2002 fue ordenado sacerdote por el entonces obispo de
Magallanes, monseñor Tomás González, quien fue clave en su formación
clerical. “Monseñor [González] fue quien lo guió. Fue clave en su
formación y quien lo ordenó”, reveló una fuente a LND. Pese a los
intentos por ubicarlo en la casa inspectorial de los salesianos en
Santiago, monseñor González prefirió evitar a la prensa en los últimos
días, a raíz de lo sucedido con su discípulo.
Padres jubilados y una hermana profesora conforman el núcleo familiar
del padre Jaime, un cura considerado atípico, que siempre llamó la
atención de sus pares por el nulo recato con que ejercía su labor, de
la que fue separado por el tribunal eclesiástico local apenas se supo
de su detención. Fue ese carisma el que le permitió ganarse la
confianza de las familias incluida la del menor abusado y el afecto de
la comunidad, especialmente de niños y jóvenes. “Era mucho de andar
abrazando y toqueteando a los jóvenes, muy afectivo”, advierten en la
zona. Resultaban muy singulares sus bromas de doble sentido y
manifestaciones eróticas como sobajear a muchachos. “Vi juegos en que
se ponía detrás de los chicos, los abrazaba y los punteaba”, señala
Luis Bahamondes, acólito por casi diez años de la parroquia Nuestra
Señora de Fátima.
“Low no tenía reparos en sacarse la sotana para jugar una pichanga”,
narran quienes le conocen desde que asomó de hábito por las gélidas
calles puntarenenses. Las mismas donde se le vio camino al Liceo de
Hombres Luis Alberto Barrera de Punta Arenas, en el que cursó la
secundaria. Y más tarde, rumbo a la sede de los salesianos, donde
inició sus pasos hacia el sacerdocio. Esa era su principal
característica, pero terminó por pasarle la cuenta. A mediados de 2007
fue amonestado y cesado en sus funciones en el Colegio San José, donde
impartía clases de religión, por el trato deslenguado que tenía con
sus alumnos. “Hablaba a chuchada limpia, sin pudor alguno; eso lo
hacía distinto del resto de sus pares”, señalan.
Tras ser detenido en la casa parroquial que ocupaba en calle Cancha
Rayada, contigua a la iglesia, Low se mostró tranquilo. Atrás quedaba
aquel sacerdote extrovertido y juguetón, entregado a la causa de Dios.
El cura querido por adolescentes, jóvenes y adultos de la villa 18 de
Septiembre de Punta Arenas, la más poblada y popular de la capital de
la XII Región, donde, además de estupor y sorpresa, hoy ronda un
ahogado “padre, ¿por qué nos has abandonado? LND
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